MUERE TXILLARDEGI

Txillardegi fallece a los 82 años  

Muere ‘Txillardegi’, escritor, lingüista y político vasco

 

Padre de la novela moderna en euskera, Enparantza fue fundador de ETA e impulsor incansable del euskera batua.

Ruth Pérez de Anucita –

‘Txillardegi’, alzando el Argizaiola Saria que le dieron en la Azoka de Durango, en 2004 (Iban Gorriti)

José Luis Álvarez Enparantza, Txillardegi, figura sin la que no se puede comprender ni explicar la política y la literatura vasca de los últimos 50 años, murió ayer a mediodía en su casa de Donostia a los 82 años. Aunque de vez en cuando todavía se le podía ver por las calles de Donostia, era visible el debilitamiento de su salud, fruto de la edad. La familia ha instalado la capilla ardiente en el tanatorio de Errekalde hasta hoy a las 15.30 horas. Fundador de ETA, ingeniero y escritor, euskaldunberri y padre de la novela moderna en euskera, ensayista e impulsor decisivo del euskera batua, referente de la izquierda abertzale y fundador de Aralar, las inquietudes de Txillardegi se resistían a la simplificación y todas bebían de la misma fuente: su compromiso con Euskal Herria.

Era, como recordaba ayer la profesora de la UPV Mari Jose Olaziregi, “un intelectual orgánico, en el sentido marxista de la palabra, con una actitud crítica ante el establishment cultural de una sociedad y de una época”. En los finales de los años 50 ocurren los dos acontecimientos que marcarían su vida y la historia contemporánea vasca. En 1957 publica Leturiaren egunkari ezkutua, considerada junto a Egunero hasten delako, de Ramón Saizarbitoria, la primera novela moderna vasca. Dos años después, el 31 de julio de 1959, sería el encargado de enviar la carta que notificaría al Gobierno vasco en París el nacimiento de ETA. En 1961 se exiliaría, tras publicar su segunda novela, Peru leartzako, y en 1965, con Huntaz eta hartaz, una colección de diez ensayos, renovó el género. “Eran ensayos literarios no publicados en revistas y con un lenguaje directo, renovó el registro lingüístico”, subraya Olaziregi.

En París estudió Lingüística y se doctoró con una tesis sobre el acento vasco. Abandonó ETA en 1967 y diez años después regresó a Euskadi, donde impartió clases de Fonología Vasca en la antigua EUTG (la actual Universidad de Deusto). Allí lo conoció Olaziregi, hoy profesora titular de Literatura Vasca en la Facultad de Letras de la UPV y directora de Euskera del Instituto Etxepare, cuando era estudiante de Filología Vasca. Ella lo recuerda como “un profesor que se vaciaba en clase, muy trabajador, didáctico y dinámico; un seductor”. Txillardegi, que tomó el nombre por el que fue conocido de un lugar próximo a su casa natal, en el barrio donostiarra del Antiguo, recuperó el euskera de su infancia a los 20 años.

Su condición de euskaldunberri, junto a su carácter urbanita y no religioso, lo inserta en la llamada generación del 56, junto a autores como Juan San Martin, Jon Mirande o Gabriel Aresti. Olaziregi y sus compañeros de clase penetraron en la modernidad con Leturia, “el primer héroe problemático” de la literatura vasca. “A la literatura vasca le costaba quitarse el yugo del costumbrismo, eran novelas que proporcionaban una visión ideal de la vasquidad y que estaban desconectadas del lector que consumía literatura en Euskadi y que encontró en Txillardegi lo que buscaba en la época. Una novela en un ámbito urbano, contada en primera persona, con un protagonista que sufre, que no le encuentra sentido a la vida, con la influencia del existencialismo sartriano: era distinto a todo lo que habíamos leído hasta entonces”, describe.

“Todos los escritores actuales le debemos mucho a Txillardegi porque en los años más duros, tristes y oscuros de la literatura vasca, hay una década negra de mediados de los años 40 a mediados de los 50 en la que él empieza a publicar e introduce la novela en la modernidad”, señala Ur Apalategi, flamante Premio Euskadi 2011. “Transformó por completo el paisaje novelístico vasco, lo hizo pasar del costumbrismo a la modernidad”, coincide. Hace unos años el centro cultural Koldo Mitxelena le encargó la organización de unas jornadas sobre el escritor donostiarra. “Tuve la suerte de contar con su ayuda para componer el programa. Era un hombre culto y muy abierto al dialogo, que sabía escuchar, no estaba ensimismado. Le tengo mucho cariño -el autor de Iparralde habla, sin querer, en presente- y lo recuerdo como alguien muy agradable, inteligente y enriquecedor”.

El concepto de deuda también asoma al discurso de Xabier Kintana, secretario de Euskaltzaindia. “Los escritores de mi generación y los de la siguiente le debemos planteamientos que ahora no se discuten, pero que antes ni se planteaban. Él sustituyó de forma clara la sangre y los apellidos por el elemento cultural y lingüístico en la base nacional vasca. Defendió que es euskaldun el que sabe la lengua vasca y tiene asimilada la cultura vasca, tenga los apellidos y el origen que tenga”, recuerda. Txillardegi también fue un ejemplo contra la idea de que el euskera era “dificilísimo” de aprender. “Con su ejemplo lo demostró y nos animó a muchos a seguirle”, señala Kintana.

Olaziregi evoca sus tablas de verbos en euskera, de los años 70, que pasaban de “mano en mano” por todos los estudiantes. El autor donostiarra siguió con determinación la declaración de Lizardi que reclamaba que el euskera era una lengua para todo, “no solo para el campo, el caserío y el mar”. Txillardegi quiso que la lengua sirviera de expresión a los vascos “modernos y urbanos”, como se plasma en sus propias novelas y en sus temáticas, y por supuesto hizo una “clara” apuesta por un idioma vasco nacional para todos los territorios. “Si Koldo Mitxelena fue el teórico del euskera unificado, los que nos convencieron de sus bondades fueron Gabriel Aresti en poesía y Txillardegi en prosa”, resume. perfil político Hablar de Txillardegi es hacerlo de ETA, el euskara y de la literatura vasca.

Pero estos tres hitos jalonan una trayectoria que ha discurrido en paralelo a la historia contemporánea de Euskal Herria. Txillardegi fue fundador de ETA y a él se le atribuye la creación de un acrónimo que a finales de los 50 marcó la ruptura con el nacionalismo que encarnaba el PNV. Según relata él mismo en una entrevista que concedió a la revista Garaia en 1976, con el fin de clarificar la situación conflictiva que se estaba generando con el PNV “nuestra organización decidió autodenominarse ETA en 1959 y así se hizo saber, con toda oficialidad, a José Antonio Agirre”. Antes, en 1948, Txillardegi entra en contacto con la actividad política de la mano de la organización Euzko Ikasle Alkartasuna, militancia que le llevó a la prisión de Martutene.

Tras salir de la cárcel traba contacto con el PNV, pero tienen visiones distintas y su acercamiento al partido jeltzale se frustra. Poco después, en compañía de un pequeño grupo de estudiantes, comienza la gestación de lo que más tarde sería ETA. Exiliado en Bélgica, en 1967 Txillardegi y otros deciden abandonarla en desacuerdo con su nueva orientación marxista-leninista. A la muerte de Franco y de vuelta del exilio formó el partido político ESB; con él se presentó a las primeras elecciones democráticas. El experimento no cuajó, pero participó en la Mesa de Alsasua, que desembocó en Herri Batasuna. Fue miembro de su Mesa Nacional y llegó a ser senador a principios de los años noventa. Convencido de la inutilidad de la estrategia militar que ETA reemprende tras la tregua de Lizarra, se aleja de la izquierda abertzale tradicional y participa en la fundación de Aralar. Con el tiempo también se desencanta con ellos y últimamente había regresado a la órbita de Batasuna.

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ALESSANDRA LAVAGNINO

Un granizado de café con nata – Alessandra Lavagnino

Posted: 14 Jan 2012 01:27 PM PST

La primera reflexión, en cierto modo alejada de lo estrictamente artístico, que se puede extraer tras leer Un granizado de café con nata es la confirmación de que hay un buen número de autores desconocidos e inéditos en nuestro mercado que poseen discursos y formas mucho más interesantes, en ocasiones, que el de nombres ya consagrados y habituales en las estanterías. De igual manera hay que agradecer a editoriales como Errata Naturae su labor de desempolvar esos pequeños secretos. LEER MÁS

Bastaría con leer las primeras páginas de esta novela para darse cuenta de la forma tan rotunda con la que está escrita. Se trata de una prosa profunda, elegante, en la que a la vez se intuyen formas de parlamento moral, intriga e incluso un tono de ensoñación o recordatorio. De hecho la forma que toma es algo parecido a una carta en la que se trata de explicar una serie de sucesos y su contextualización. Puede llamar la atención el hecho de que Alessandra Lavagnino haya compaginado su escritura de novelas con obras divulgativas relacionadas con su profesión de profesora de Parasitología y experta en insectos, conocimientos que estarán plasmados, y perfectamente integrados, en esta novela. Quizás incluso, esta dedicación tenga algo de influencia en su forma de escribir, muchas veces meticulosa y con afán diseccionador.

Uno de los máximos valedores o promotores de esta novela ha sido Leonardo Sciascia (también realiza el epílogo, que por cierto tiene entidad propia), tanto es así que el siciliano insistió para que la obra fuera editada. Viendo el resultado es más que entendible su interés, más todavía al comprobar que hay ciertos paralelismos entre ambos creadores, sobre todo en esa necesidad de “desenmascarar” a la sociedad italiana y rebuscar en su interior.

La novela cuenta la historia de Ágata, una mujer que tras sufrir un accidente toma la opción de decir la verdad de lo que ve y lo que siente, con la pertinente reflexión sobre lo que ha sido su existencia. Un recorrido que de alguna forma recuerda al utilizado por el protagonista de “La conciencia de Zeno”, de Italo Svevo, aunque en esa ocasión era una terapia para dejar de fumar era el detonante. La determinación emprendida por la mujer tendrá funestas consecuencias en su entorno y por ende en su propia vida, ya que esa renuncia a la mentira trae como consecuencia la asunción de su propia vida y el rol que desempeña, lo que deja a las claras la coacción, e incluso represión, que ha vivido por medio de los hábitos sociales, culturales o familiares. Sugerente, respecto a esta reflexión, la labor que desempeña la protagonista en un laboratorio cuidando y modificando/estudiando la vida de moscas, en lo que se convierte en una perfecta metáfora, muy similar en cuanto a concepto a la afición de Norman Bates en “Psicosis”.

Un detalle importante es que el libro está contado desde el punto de vista femenino y son precisamente los personajes de este sexo los que de manera más contundente sufren esa distribución de papeles. Relatado a modo de confesión y en un gran flashback, la protagonista, en definitiva, relata tanto la mala conciencia que irá acumulando por el cambio que sufre su vida y la relación con los que la rodean, como por la frustración y desesperación que le producen los descubrimientos que hace. Quizás tenga razón la frase bíblica al afirmar que “la verdad os hará libres”, pero lo que parece obviar es que en casi todas las ocasiones las mentiras, de forma más o menos flagrante, condicionan nuestro ser, nuestras relaciones y por tanto la misma sociedad y sus estructuras. Querer saltarse ese dominio, o como mínimo cuestionarlo, es una tarea dura y con una consecuencias dramáticas.

Kepa Arbizu

FICHA DEL LIBRO Título: Un granizado de café con nata | Autor: Alessandra Lavagnino | Editorial: Errata Naturae | Páginas: 176 | Precio : 17,50€ | Reseñado por : Kepa Arbizu