GEORGE PEREC

 


El condotiero de George Perec

Posted: 25 Feb 2013 12:10 PM PST

 

Maquetaci—n 1

Quien conozca la obra de Georges Perec sabrá de su inclinación a jugar. Con la literatura y con el lenguaje. Sabrá que fue capaz de construir un palíndromo de 1352 palabras,  o de escribir una novela de la que se excluye la vocal más usada en su idioma, y otra donde solo se usa dicha vocal. Quizás se haya adentrado a salto de caballo en las distintas viviendas de un inmueble parisino para descubrir que algo no encaja, que hay un error en una pieza del puzle, o puede que sepa de la existencia de un texto del que se han servido famosos autores para sus propias obras.

Pero además de la apuesta por las constricciones formales como potenciadoras de la creatividad, en este gusto por el juego se detecta cierto distanciamiento del objeto literario que deviene en una visión irónica del mismo. Es como si se quisiera resaltar el carácter de instrumento de fabricación humana que tiene el lenguaje, y que lo hace sensible a la paradoja y el exceso. Una herramienta tan exclusiva de nuestra especie como el razonamiento matemático, y tan expuesta como este a la hábil manipulación de un buen prestidigitador. Aunque no todo es juego. El mismo Perec reconoce en sus textos, además de la lúdica, otras formas de interrogar la realidad: sociológica, autobiográfica y narrativa, maneras que antes de excluirse se complementan.

El Condotiero es una novela de juventud escrita durante la estancia de Perec en el servicio militar al final de los 50 pero rechazada por los editores, y aunque no presenta arriesgadas propuestas, sí permite comprobar la temprana aparición de alguna de sus obsesiones recurrentes o de algún personaje emblemático. Y es que en ella nos enfrenta Perec, por primera vez, con el tema de la falsificación y la impostura cuya sombra se extenderá hasta alcanzar su último trabajo: El gabinete de un aficionado. Además, el nombre del protagonista, Gaspard Winckler no es otro que el del creador de puzles de La vida instrucciones de uso, con el que comparte el peso de la opresiva servidumbre que le impone aquel para el que trabaja, así como el acto de liberación del mismo mediante una necesaria e higiénica venganza.

Winckler es aquí un falsificador profesional que imita el estilo inconfundible de los maestros para crear nuevos cuadros que  puedan atribuirse, sin asomo de duda, a los mismos. Pero el sentimiento de explotación por un lado y de fracaso y pérdida de identidad por otro, le llevan a rebelarse identificando al jefe de la organización como el obstáculo principal a eliminar, y conduciendo a una huida que es en realidad una búsqueda de sí mismo.

Aunque quizás ocultar sus capacidades tras la actividad de falsificador no deje de ser un acto de cobardía, la misma que le conduce a sus fracasos sentimentales, y que convierte su propia vida en otra falsificación, porque “ser falsario quiere decir tomar todo de los demás y no dar nada de ti”.

Y por eso su acto de afirmación es intentar trasladar al cuadro en el que trabaja, inspirado por ‘El condotiero’ de Antonello da Messina, algo del arte que atesora, intención frustrada al no poder evitar, como en la obra de Wilde, proyectar sobre el lienzo su crispación y su angustia.

Estamos, pues, ante un texto cargado de simbolismo, que, además de movilizar a los incondicionales del autor, conseguirá recrear en el lector esa refrescante sensación que acompaña a cualquier proceso liberador, así como abundar en la necesidad de saldar cuentas con todo pasado que suponga un lastre en la búsqueda de una identidad propia.

Y para terminar, una imagen a la que recurre Perec a través de su personaje: la del escalador que llegando a la cumbre de la montaña nevada es alcanzado por los rayos del sol y observa exultante el paisaje al otro lado. Imagen que retoma en un párrafo final para recordarnos que “En ese más allá accesible yacen tu tiempo y tu esperanza, tu certeza y tu experiencia, tu lucidez y tu victoria”.

Ficha técnica

PVP con IVA 17.90 €
Nº de páginas 192
Traducción David Stacey Ancira

Perec declaró que El Condotiero fue la primera novela que consiguió escribir. Medio siglo después de su redacción –entre 1957 y 1960– y treinta años después de la muerte del escritor, el 3 de marzo de 1982, descubrimos una obra de juventud de la que se había perdido el rastro y que ha sido milagrosamente recuperada.
Gaspard Winckler, el héroe de la novela, se ha dedicado durante meses a pintar un Condotiero falso, una copia perfecta que no tiene nada que envidiar al expuesto en el Louvre que pintara Antonello da Messina en 1475. Pero Gaspard, príncipe de los falsificadores, no es más que el simple ejecutor de las órdenes de Anatole Madera. Y, como en una novela policíaca, la primera página del libro se abre con el asesinato de Madera por Winckler. ¿Por qué esa muerte? ¿Por qué Gaspard Winckler siente que ha fracasado en su proyecto de igualar a Antonello da Messina? ¿Qué buscaba queriéndose convertir en un virtuoso de lo falso? ¿Qué deseaba captar en esa imagen de fuerza y de poder que transmite el rostro del guerrero? ¿Y por qué vive el asesinato de Madera como una liberación?
El tema de la impostura recorre toda la obra de Perec. Un personaje de ficción llamado Gaspard Winckler vuelve a aparecer en otras novelas del autor como La vida instrucciones de uso y W o el recuerdo de la infancia. Y El gabinete de un aficionado, la última novela que el escritor francés publicó en vida, es una prodigiosa construcción erigida en torno a los hechizos de la copia y de lo falso. El Condotiero permite entrever lo que está en juego en esta búsqueda: la conquista de lo verdadero a través de la falsificación.

 

Reseñado por Rafael Martín

 

 

 

Escrito por Perec, Georges

Georges Perec nació en París en 1938 y falleció en 1982. Sociólogo de formación, colaborador de numerosas revistas literarias, obtuvo el premio Renaudot con su primera novela, Las cosas. Perso­nalidad ecléctica, fue ensayista, documentalista en neurofisiología, dramaturgo, guionista de cine, poe­­ta, experto en acrósticos, crucigramas, lipogramas y anagramas, traductor y last but not least miembro fundamental del OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), fundado por Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais. Su obra monumental La vida instrucciones de uso ganó el premio Médicis en 1978, y confirmó que Georges Perec, «el oficiante de las Mil y una noches de nuestros días» (Gilbert Lascault), era «una de las personalidades literarias más singulares del mundo, un escritor radicalmente distinto a cualquier otro» (Italo Calvino)..

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