DE RERUM NATURA

De rerum natura de Lucrecio

Posted: 03 Mar 2013 10:44 AM PST

 

De rerum natura (Luc#4DDD50

 

     No era en vano el subtítulo que acompañaba al libro ‘El Giro’ del profesor de Harvard Stephen Greemblatt. El texto reza así: ‘De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno’. Pues bien, el manuscrito al que el profesor se refiere mientras narra en su documentado libro las andanzas culturales de Poggio Bracciolini es precisamente el que ahora nos ocupa. Y lo que pudiera parecer una exageración acerca del significado cultural del documento acaso no lo sea tanto teniendo en cuenta la influencia que tuvo en la formación filosófica de occidente, lo que derivó en una forma de pensar, de comportamiento, que a buen seguro ha llegado hasta el día de hoy, y se prolongará aún por lo que tiene de invitación a la libertad intelectual, a la capacidad crítica respecto de algunos dogmas establecidos.

Lo curioso es que su autor, Lucrecio (Tito Lucrecio Caro), el poeta romano que vivió hacia el 50 a.C., no hace sino recoger en su libro ‘Acerca de la naturaleza de las cosas’, que tal sería la transcripción del título latino, los fundamentos filosóficos establecidos con anterioridad por el filósofo griego Epicúreo, cuya vida transcurrió en el siglo III a.C., fundador de la escuela ateniense denominada  ‘El jardín’ y cuya defensa del placer como aspiración de comportamiento en el hombre ha tenido interpretaciones muchas veces tergiversadas hacia, por ejemplo, una defensa del hedonismo que, en puridad, no debe atribuírsele al filósofo que pensó el placer como la ausencia de dolor, y que tenía como sustento agua para beber y queso para comer. Así se deduce de alguno de sus escritos, recogido por Diógenes Laercio  en su ‘Vida de los filósofos griegos’ de la que hay magnífica traducción al castellano del profesor García Gual

En efecto, leyendo a Lucrecio se advierte una versión no muy alejada de, digamos, su original griego, eso sí, vertida al latín en lo que ha venido considerándose un texto poético de una belleza estilística inusitada, si bien el trasfondo ético-didáctico es lo que viene a resaltar de su contenido. Contenido revolucionario en buena medida por cuanto no solo desmonta las enseñanzas de una iglesia católica renegadora del conocimiento científico en la época (recuérdese a Copérnico, por ejemplo), sino, lo que es peor, condenadora, en el fondo, de una curiosidad especulativa que, a la postre, ha sido el motor del progreso en el devenir humano.

Resulta sorprendente leer, por ejemplo, en el texto que nos ocupa: “a la generación de cada cosa le ha sido asignada una materia precisa, y está determinado lo que de ella puede surgir. Reconozcamos, pues, que de la nada nada puede crearse, ya que todo ser necesita semilla para ser engendrado y poder salir al aura tierna del aire”  Y añade: “Todos los seres van creciendo poco a poco, como es natural, por la agregación de átomos determinados, y crecen fieles a su especie”. La idea del átomo como parte integradora-generadora del ser vivo es una idea esencial.

Queda dicho la deuda que el autor asume respecto de Epicuro, y así lo expresa: “Tú, padre, eres el descubridor de la verdad, tú nos das preceptos paternales (…) pues en cuanto tu doctrina, producto de una mente divina, empieza a proclamar la esencia de las cosas, disípanse los terrores del espíritu, las murallas del mundo se abren y veo, a través del inmenso vacío, producirse las cosas”.

Sí, entonces, a partir de aquí, a la vida después de la vida gracias a una nueva asociación aleatoria de los átomos constitutivos; no al contenido irracional de tantos preceptos religiosos; no hay ángeles, ni demonios, ni fantasmas; la sociedad humana no comenzó en una edad de oro de calma y plenitud, sino en una lucha primigenia por la supervivencia… Entienda, en fin, el lector en esto una invitación a la racionalidad, a la crítica constructiva, al apartamiento de los miedos institucionalizados que, como instrumento de poder, merman el goce de la vida.

Una lectura, pues, a todas luces actual, didáctica, nutritiva.

Ficha técnica

Páginas: 608
Precio: 33.00 €
Traducción:
Eduard Valentí Fiol
Prólogo:
Eduard Valentí Fiol

El poema filosófico De rerum natura, escrito hacia el año 50 a. C. por un romano llamado Tito Lucrecio Caro, es al mismo tiempo una de las obras más grandes de la antigüedad clásica y una de las más extrañas. Su grandeza poética parece haber sido reconocida de modo casi inmediato. El poeta Ovidio proclamó que «los versos del sublime Lucrecio» perdurarían mientras lo hiciese el mundo. Cicerón escribió que el poema era «no sólo rico en brillante ingenio, sino artísticamente elevado». Y Virgilio, aludiendo a Lucrecio en las Geórgicas, rindió cálido homenaje a un hombre que «consiguió hallar las causas de las cosas y que ha pisoteado todos los temores». El presente volumen reproduce la extraordinaria traducción de Eduard Valentí Fiol.

Reseñado por Ricardo Martínez

 

 

Edición de Lucrecio

Tito Lucrecio Caro fue un poeta y filósofo romano del siglo I (a. de C.), contemporáneo de Julio Cesar y Cicerón.
Fue un seguidor de Epicuro y de los atomistas griegos y en su poema De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas) expuso una visión mecánica del universo recogiendo y embelleciendo las ideas de estos. Aunque el interés de Lucrecio no era el problema físico, sino la exposición de una filosofía determinada, en su obra hace una descripción de la naturaleza y expone sus teorías sobre el comportamiento de la materia: el viento el calor, el frío, el fuego, el color de las cosas, el trueno y los relámpagos, los volcanes, etc.
Brevemente, para Lucrecio, toda la Naturaleza se compone de dos cosas: “… los cuerpos y el vacío en el que estos están situados y en cuyo seno se mueven…”. Siguiendo las ideas de Demócrito, Lucrecio además sostuvo que todos los cuerpos estaban formadas por átomos. De forma que todo el universo estaría formado exclusivamente por átomos y espacio vacío, y así “las cosas no pueden surgir de la nada y, si han surgido, no pueden volver a la nada”.

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