OSCURO Y HÚMEDO (relato)

UN LUGAR OSCURO

 

Antes de abrir los ojos oyó un chasquido, como si algo muy pequeño se moviera cerca de su oído. Escuchó con atención. Silencio. Un moverse suave y persistente de muchas patitas, igual que si una colonia de insectos hubiese rodeado su cuerpo a modo de tupida alambrada. No recordaba haberse echado a dormir en el campo, aunque aspiró profundamente y lo cierto era que olía a humedad y a tierra en descomposición.

La última imagen que guardaba en su retina era la de ir conduciendo en dirección al mar, con Marta en el asiento del copiloto. En el equipo sonaba Leonard Cohen, con esa voz suya tan desgarrada, como arrancada del centro de la tierra. Marta se quejó. Aseguró que el efecto era una impostación teatral, que nadie podía mantener siempre esos graves como de leño seco crepitando en la hoguera. Él no dijo nada, pero pensó con desilusión que algo acababa de romperse entre ellos. Si su compañera no compartía su entusiasmo por Cohen, no solo indicaba que no coincidían en sus gustos musicales, sino tampoco en otras muchas cosas. Sintió un leve ardor en el estómago. Tenía que vigilar aquella gastritis.

Luego, un fogonazo lo deslumbró. Y después, una sensación rara. Las vísceras que hasta entonces habían funcionado de forma autónoma, sin solicitar su permiso, se detuvieron de golpe todas a la vez. El corazón dejó de bombear sangre, los pulmones detuvieron su oscilación de fuelle eterno, el hígado dejó de filtrar lo que demonios filtrase, y así hasta consumarse un parón total y en seco. Lo mismo que ocurre en un edificio moderno si se corta la electricidad.

Pero restaba un vacío, faltaba un puente entre aquella escena y esta situación del presente. Tal vez habían sufrido un accidente y el impacto los había lanzado despedidos varios metros. Habrían aterrizado en la hierba, suele ocurrir, y seguramente había anochecido sin que nadie los descubriera. Tenía que ser eso. Ahora el chischás era más irregular, como si los insectos, ¿serían insectos realmente?, hubieran variado su ritmo antes uniforme. Ahora se oían desplazamientos y silencios, según en qué dirección. Todavía no iba a abrir los ojos.

Quiso comprobar, aunque era improbable, si Marta estaba junto a él, a su alcance, y alargó la mano tanteando despacio, pero su intento quedó pronto frustrado. A pocos centímetros de su costado encontró un tope duro. Asustado, exploró un poco más arriba, un poco más abajo. Aquello parecía una barrera… de madera. Tenía la textura rugosa, escasamente pulida, incluso astillada en algún punto. Abrió los ojos con una decidida alarma, pero eso no le aportó ninguna información. El entorno era de una oscuridad total, impenetrable.

Comenzó a moverse de forma desordenada, con angustia, pero el espacio era muy estrecho. Otra pared de madera, en paralelo a la primera que había descubierto y otra más a un escaso palmo de su rostro le dieron la medida de su capacidad de movimiento.

El horror y la impotencia convirtieron el hecho de respirar en objetivo prioritario, sabiendo que solo le quedaba aire para un tiempo muy corto.

Ya no oía el trasiego de los insectos o lo que fueran, pero en la recámara de su mente tuvo la certeza de que aquellos bichos conocían su destino mucho antes que él y que lo estaban esperando.

© E.Z., 18 abril 2013

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