EL CUENTO SIGUE VIVO

El cuento está de regreso

Relatos. Después del terremoto es el más reciente libro del best-seller japonés Haruki Murakami. 

Autores y editores coinciden en que podrá superar la opresión de la novela, considerada como más importante a veces sólo por cuestiones de marketing, consideran

CIUDAD DE MÉXICO (20/ABR/2013).-  “Son unos relatos. Me los publicarán en una revista literaria. Total, no va a leerlos nadie. Sea como sea, el cuento como género literario se está quedando más pasado de moda que unas tristes hojas de cálculo”, dice Junpei, uno de los personajes dibujados por Haruki Murakami en su reciente libro Después del terremoto (Tusquets), precisamente, una colección de cuentos.

Sin embargo, más allá de la aseveración (sensata, veraz), el cuento parece vivir una nueva primavera, unos aires floridos que vienen desde el sur del continente y se abraza y abrasa con vientos de Europa, de Centroamérica… vamos, que al menos en nuestro idioma, ya no es tanta novedad que una editorial de las llamadas grandes publique un libro de relatos.

Ni qué decir de firmas que como la española Páginas de Espuma se dediquen exclusivamente a dicho género literario.

El negocio del cuento es que no hay negocio. Cuando logras entender eso entiendes que puedes tener una editorial independiente, pequeño- mediana, que ya va a cumplir 13 años y con un catálogo que se fortalece día a día. Esa proclamación de ‘el cuento no vende’ a la que nos enfrentamos a finales de los noventa no es real. Quizá no sirva para hacer mucho dinero, pero aquí hay cinco personas que vivimos de Páginas de Espuma y eso no es poco”, dijo el editor español Juan Casamayor a http://www.cuentosymas.com, la página argentina de los cuentos cortos fundada y dirigida por el escritor y periodista Juan José Panno.

“Lo que me gusta es la microficción y es lo que dio origen a la página, que en los últimos tiempos ha tenido un crecimiento enorme”, dice Panno en entrevista.

“El formato del cuento corto se adapta muy bien a las nuevas tecnologías, es ideal para la lectura rápida que ahora proponen los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Hay mucha gente entre la que me incluyo a la que le cuesta mucho leer textos largos en la computadora. Entre otras cosas con mucha facilidad se puede mandar un texto a la papelera de reciclaje, pero no es tan fácil tirar un libro a la basura”, agrega.

“Cuentosymás es un verdadero boom, nos llegan textos de todos lados y de todo tipo. Hace poco organizamos un concurso de cuentos cortos por la identidad y los mejores fueron leídos por actores conocidos, en el marco de un encuentro teatral que organiza Madres de Plaza de Mayo año tras año”, cuenta Panno.

¿Es el cuento un género menor?

La resistencia de las editoriales grandes a publicar libros de cuentos tiene que ver con los volúmenes de ventas. Por una razón a analizar, se venden más las novelas largas, las románticas, las históricas.

Dicha circunstancia no implica que el género literario que ha dado autores geniales como los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, el mexicano Juan José Arreola, en nuestro idioma, ni hablar de Edgar Allan Poe en lengua inglesa y tantos otros, sea menor.

El joven escritor Luis Jorge Boone, que acaba de publicar Antología del cuento fantástico, en Almadía, echa mano de una frase surgida del diálogo entre los franceses Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy en Enemigos públicos (Anagrama): “Cualquier género es mayor en manos de un gran artista”.

“No es la forma, sino quien la manipula”, agrega Boone.

Antonio Ramos Revilla, autor entre otras de la celebrada novela El cantante de muertos (Almadía) cree que “el cuento es un género mayor como cualquier otro, como la fábula, la leyenda, la novela. El arte literario no se mide por la cantidad de cuartillas. El único momento cuando un género se vuelve menor es cuando no está bien ejecutado”.

“Por supuesto que no lo es [un género menor]”, afirma contundente Alejandro Páez Varela, autor de las novelas Corazón de Kalashnikov (Planeta) y El reino de las moscas (Alfaguara).

“Que se haya declarado y apoyado a la novela como género de géneros es un asunto, creo yo, de mercadotecnia. Corresponde más a la voluntad de las grandes editoriales del mundo. Los relatos breves tienen poca cabida si no vienen de un autor de renombre. Pero el último ejercicio de Murakami o los relatos de Más gente así, de Vicente Leñero, nos dan noticias de otra cosa: de que el cuento está vivo, aunque la novela tenga todos los reflectores”, expresa.

¿Hay un auge del cuento?

“El auge del cuento no es nuevo, pero sí en estos tiempos ha empezado a sacarse el estigma de que comercialmente no funciona”, dice Paola Tinoco, autora del libro de relatos Oficios ejemplares (Páginas de Espuma), participante en la antología de Luis Jorge Boone.

Compiladora de la antología de cuento latinoamericano De lengua me como un cuento (Axial), de la antología de cuentos de escritores regiomontanos Cuentos desde el cerro de la silla (Anagrama) y Más de lo que te imaginas: antología de cuentos perversos (Cal y arena), Tinoco celebra que “por fin los libreros le estén perdiendo el miedo al género y por tanto, los editores se han dedicado a publicarlos”.

Que los lectores comiencen a recuperar el hábito de leer cuentos se debe, en la opinión de Luis Jorge Boone, “a que no nos dejamos engañar”.

“Quizá sea cierto que la novela vende o que es un maratón sólo para resistentes o una pista de comando que pone a prueba ciertas habilidades del narrador, pero no es el fin último de cualquier obra. Cada género tiene sus retos, sus capacidades, sus alcances propios. El cuento fue ganando presencia poco a poco, hasta llegar a este auge”, agrega.

“[El auge del cuento] se debe a una lógica de lectura, más que de las editoriales”, afirma Páez.

En la opinión de Antonio Ramos, “el cuento siempre ha tenido auge. En muchos de los talleres literarios de nuestro país se escribe cuento, se lee cuento, los concursos de cuento de toda índole reciben una gran cantidad de trabajos que abrevan en la tradición.

Sin embargo, para el autor regiomontano, “el mayor problema que enfrenta el cuento contemporáneo es también el abuso de fórmulas para escribir cuentos. Tenemos además una proliferación de gente que no escribe cuento y da talleres de escritura del género. A pesar de eso, el cuento mexicano está robusto. Hay autores que no siguen las fórmulas y han creado un universo literario interesante”, expresa.

¿Por qué algunas editoriales se resisten?

“Sólo atino a conjeturar que a la ignorancia. Si hablamos, sobre todo, de las grandes editoriales. Un empresario que sólo es eso, cuya aspiración más alta es recibir dinero, es lógico que le tenga miedo al riesgo, a la aventura, a abrir un camino. ¿Cómo nos ponemos a pedirle apertura de miras, sensibilidad, curiosidad intelectual?”, se pregunta Boone.

“Responde a una moda. Rafael Pérez Gay me decía, hace unas cuantas semanas, que hasta una cierta ‘estética de lector’ ha impactado al cuento: nos hemos acostumbrado a que nos vean con un libro grueso bajo el brazo; con él viajamos a las vacaciones y nos vemos chic. En una plática distinta, Antonio Tenorio me comentaba que además un libro de cuentos genera menos conversación. Cuando alguien te pregunta qué estás leyendo y dices el título del libro, ése alguien preguntará, de inmediato, de qué trata. Entonces tienes que fragmentar tu respuesta: que es ‘de esto y de aquello’”, dice Páez.

“Una serie de factores, como decía, hace que la novela sea más cómoda para los lectores. Y las editoriales responden al gusto de los lectores, como cualquier otra empresa. Entonces se cierra el círculo: Me das lo que te pido, te doy lo que demandas”, explica Páez Varela, quien prepara un libro de relatos de próxima aparición.

“Son las leyes del mercado, pero también de un mercado que las mismas editoriales han construido. Cuando fui editor de Jus publiqué muchos libros de cuento, pero había más editoriales que estaban apostando por los libros de cuento. A veces creo que es un lugar común decir que las editoriales grandes sólo apuestan por libros de baja calidad, pero eso sería un suicidio. Más bien, de lo que deberíamos hablar es de la poca capacidad que tienen muchas editoriales para refrescar sus apuestas, hay pocas, pero se necesitan más”, tercia Antonio Ramos.

Una tradición continental

El cuento, para la escritora Mónica Lavín, autora de los libros de relatos La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert y Cuentos de desencuentro y otros, el género responde a una tradición continental.

“Por lo tanto no creo que en estos tiempos se escriba más cuento, sino que se publica más. Las antologías a veces temáticas que publican las editoriales grandes –El último árbol (Cuentos de navidad), de Planeta o Nochebuena en tu cuerpo (Tusquets), sólo por citar dos ejemplos– permiten conocer la multiplicidad de cuentistas que hay en nuestro universo”, dice Lavín.

La escritora siempre pensó que iba a ser cuentista y, de hecho, “cada vez que escribo una novela se me atraviesa un cuento en el medio”, admite.

“El cuento es una manera de mirar y hay asuntos que para mí disparan la necesidad del cuento y con ello la experiencia de vivir el proceso de escritura muy distinta a otras”, agrega.

Paola Tinoco participa en la Antología de cuento fantástico con la historia de una “soñatriz”, una mujer que al verse impedida de conseguir un trabajo convencional luego de su salida de la cárcel, encuentra un oficio enseñando a la gente a conducir sus sueños, para que no sean malos.

Para la autora, “tanto hacer antologías de cuentos como escribirlos resultan para mí experiencias muy gratas. Cuando junto trabajos de otros escritores, leo mucho material y es como ir armando el libro que quisiera leer. Por otro lado, hacer un cuento tiene que ver con inventar y eso siempre es gozoso”, afirma.

Con información de sinembargo.mx

FRASE

El último ejercicio de Murakami o los relatos de Más gente así, de  Leñero, nos dan noticias de otra cosa: de que el cuento está vivo

Alejandro Páez, periodista y escritor, en http://www.informador.com.mx

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