UN CAFÉ CON LA PIANISTA ROSA TORRES-PARDO

Una mañana lluviosa de primavera en Madrid, Rosa Torres-Pardo recibe a unos amigos que llegan a su casa saltando los charcos del jardín. Prepara un café, a continuación se sienta al piano y en señal de bienvenida interpreta para ellos un impromptu de Schubert. La melena corta de la pianista se agita ante la fuerza de sus manos anchas, de sus dedos poderosos en el combate contra el teclado del imponente Steinway. Impromptu es una pieza de piano que se caracteriza por su continua improvisación. Cada interpretación tiene un nuevo significado, pero si le preguntas a Rosa qué quiso expresar Schubert con esa pieza, la pianista vuelve a tocarla con el mismo impulso y contesta: “Esto es lo que el artista quería decir. El amor, si sabes explicarlo, ya no es amor. La música es lo que sientes mientras suena, los campos que dejas abiertos a la imaginación, es el silencio indecible que contiene”.

(…)

La música amansa a las fieras, pero no a los propios músicos. Desde 1998, el pintor Eduardo Arroyo creó un festival de verano en el pueblo leonés de Robles de Laciana solo para que Torres-Pardo tocara para un grupo de amigos, artistas, escritores, poetas y la gente de los pueblos vecinos. Otra vez los amigos. Otra vez la música como regalo, lejos de los grandes aplausos. Rosa propuso a Carlos Saura la realización de Iberia, de Albéniz, y participó en ella descomponiéndola para sacarle todo lo que llevaba dentro esa música española. Con Arantxa Aguirre realizó el documental Una rosa para Soler, sobre la música de este fraile maestro del clavecín y musicólogo del siglo XVIII. Y ahora acaba de producir con José Luis López Linares el fascinante documental sobre la vida del compositor Enrique Granados, en el que Arantxa Aguirre ha creado con el lenguaje propio de un guion musical un ensayo sobre la tragedia de este artista que él presentía frente a un ansia de triunfo y de inmortalidad.

Ser músico a finales del siglo XIX significaba bohemia, frío, coraje, tuberculosis y hospital. Granados era un romántico, pero dentro de su talento había un aire popular, un creador de música para virtuosos, un autor de óperas en catalán con el poeta Apeles Mestres. En el documental, Torres-Pardo interpreta al piano todos los estados de ánimo por los que transcurre la vida de este artista. Después del triunfo de Goyescas en Nueva York y de la creación en una sola noche de su famoso Intermezzo, Granados regresaba a París desde Inglaterra y el transbordador Sussex en el que viajaba fue torpedeado por un submarino alemán. Mientras moría a los 51 años en plena gloria, abrazado a su esposa, ese mismo día, 24 de marzo de 1916, en una sala de conciertos de Barcelona el pianista Arthur Rubinstein estaba interpretando El amor y la muerte, de Granados, como en el documental lo hace Rosa Torres-Pardo.

Manuel Vicent

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