“EL CIELO SEGÚN GOOGLE”

https://www.librosyliteratura.es/el-cielo-segun-google-de-marta-carnicero.html

El-cielo-según-Google

 

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SERENDIPIA: “A CONTRALUZ”

Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento importante aunque no tenga relación con lo que busca. En términos más generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.

Es lo que me acaba de ocurrir. Buscando la actualidad literaria, he topado con con un título gemelo del de una de mis novelas. Pertenece a la canadiense Rachel Cusk. Hallazgo afortunado e inesperado. También la constatación de que las mismas palabras pueden llevar a realidades bien distintas. La magia de la literatura, una vez más.

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/28/babelia/1475096143_471819.html

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Editorial Hiru, 2008, ISBN 978-84-96584-22-8

https://estherzorrozua.wordpress.com/obra-individual/sobre-a-contraluz/
UNAS POCAS PALABRAS SOBRE UNA NOVELISTA

QUE SE MERECE MUCHAS MÁS

 

Por Alfonso Sastre

 

Esther Zorrozua es una novelista, ni más ni menos, quiero decir una verdadera novelista, que no es poco decir en esta época de prosistas, a veces magníficos, que dicen escribir novelas y que, sin embargo, engolfan sus relatos -si es que tienen algo que contar- en las preciosidades y riquezas de sus prosa o quizás de su presunto pensamiento o aún quizás de sus también presuntos conocimientos psicológicos.  Con estas pocas palabras sólo trataremos de situar la escritura de Esther Zorrozua en una especie de tablero, y para ello empezaremos por decir de qué tablero se trata, y en seguida dónde se encuentra ella, en función de su obra publicada, se hayan dado cuenta o no quienes ejercen  la función de críticos literarios, pues la antigua y prestigiosa función crítica parece estar asumida hoy , al menos en su mayor parte, por meros revisteros, vinculados a las grandes editoriales, que son empresas dedicadas a la promoción y venta de “best sellers”.

En realidad, la situación actual es un momento de una ya antigua batalla, en la literatura de Occidente, que comenzó en las primeras décadas del siglo XX, y que abrió el panorama de muchas literaturas narrativas locales en parejas del tipo Valle Inclán-Baroja (en España), o Faulkner-Hemingway  (en los EE.UU.), o los dos Joyce: el que creó Ulises y el que hizo el resto de su obra. (Quizá haya sido y sea aún un momento más de aquella confrontación entre lo que fue, en los siglos XVI y XVII españoles, la llaneza (Cervantes) y el barroquismo (Góngora); y en la que tantas veces el barroquismo -por lo que se refiere a la novela- ha ocultado un déficit de imaginación narrativa, pero también de pensamiento del narrador, disimulados con los artificios de una rica prosa; fenómeno que ha sido muy frecuente en la literatura latinoamericana y que, triunfante, dio lugar a lo que se llamó el “boom” de aquella literatura, que repercutió con efectos nefastos en España, donde se produjo una doble experiencia:  por un lado, la de aquella prosa narrativa desaliñada que se llamó (malamente) “de la berza” (desentendida de los problemas de estilo), y por otro la del uso de riquezas de prosa (superestilo) de, por ejemplo, un Alfonso Grosso. En aquel ambiente destacaron las obras (barrocas) de Ignacio Aldecoa, deudoras sin duda de Valle Inclán, pero luego también de Faulkner, y al mismo tiempo las de novelistas como Juan Goytisolo, que buscó y la encontró una salida al realismo chato de “la berza”, y las de otros escritores como José Manuel Caballero Bonald, que se puso a  superar las vacuidades de aquel barroquismo instalado en la moda, más o menos preciosista. Había sin duda una crisis del talento narrativo, en términos generales, que hacía añorar a unos y recordar con desdén a otros las grandezas de los grandes novelistas del siglo XIX y primeras décadas del XX: aquellos monstruos que fueron, cito sin orden ni concierto, Flaubert, Balzac, Tolstoy, Zola, Dostoievski, Dickens, Manzoni, Gogol, Galdós, Thomas Mann, Proust, Kafka, Hasek, Sholojov. Pronto esta poética -que no es sino la de la llaneza de Cervantes-  había sufrido un rudo golpe o, más bien, una puñalada en el hígado, con la publicación por Joyce de su Ulises, que destinaría al lector la función de trabajar -la lectura como trabajo- en su acceso a la obra literaria, al libro. Tal  tipo de novela es como aquel libro alemán que cita Edgar Allan Poe en su relato “El hombre de la multitud”: un libro que “no se deja leer” (“er  lässt sich nicht lesen”).  Entre sus consecuencias experimentales están fenómenos como lo que fue muchos años más tarde “la escuela de la mirada”. Había llegado la que José María Castellet llamó “la hora del lector”, al que se atribuía el papel de coautor de las obras narrativas, y se prescindía, desde luego, de toda cortesía hacia los lectores, que tenían que apañárselas como pudieran para entender los libros. La lectura era, y sigue siendo hoy en multitud de casos, un trabajo, sí;  ya porque los libros no estén escritos del todo (como sucedía con el “objetivismo” de “la mirada”, que abominaba de las profundidades), ya, al contrario, porque estén “superescritos”, y haya que navegar en los mares de las más ricas prosas o de las más complicadas estructuras. (En aquellas grandes novelas del siglo XIX y principios del XX, era difícil despedirse de su lectura, que uno terminaba con pena (ahora es corriente terminarlas, cuando se terminan, con alivio), y los personajes no se olvidaban fácilmente; algunos se recordaban durante toda la vida. Muchas veces he citado yo que para Oscar Wilde uno de las grandes tristezas de su vida había sido la muerte de un personaje de  Balzac.

Todo lo que aquí queda dicho -en estas pocas palabras- trata, sin apenas haberla nombrado, de Esther Zorrozua, porque ella es un excelente modelo de narradora que transmite el gusto por la lectura de sus libros: se encuentra uno bien leyéndolas, escuchando por medio de su lectura las historias que ella nos cuenta desde que nos narró la primera -las primeras- en La Casa de la Galea,  pasando por Bilbao ciudad abierta, hasta hoy, en que, en  A contraluz, adquiere su obra nuevas dimensiones, en la vecindad de lo misterioso y esotérico, lo cual para nosotros la emparenta con aquella A rebours (a contrapelo) de Joris-Karl Huysmans.

Se ha situado Esther Zorrozua con convicción en una de las dos poéticas de la narrativa aquí enunciadas en términos generales sobre la narrativa en Occidente:   la de la llaneza, atenta sobre todo “al cuento”, con la idea primordial de no interponer barreras, por muy bellas que sean, a la esencia y la comprensión del relato y a su interés por parte incluso de sus más sencillos lectores, lo que no quiere decir acomodarse en simplicidad alguna; incluyendo, pues, en su horizonte las mayores complejidades que presenta la vida humana; haciendo, en consecuencia, un uso moderado de, por ejemplo, las metáforas, que en el “boom” latinoamericano se apoderaban muchas veces del sistema de expresión, como lo hacían, por poner un ejemplo en esa línea, en muchas de las novelas de Miguel Ángel Asturias.  La llaneza como sistema de expresión excluye la entrega a cualquier tipo de extremosidades, bajo la convicción de que los pintores que “ponen mucha sangre”  hacen, claro, “un mal cristo” (“A mal cristo, mucha sangre”, dice la frase proverbial). En definitiva, su escritura nos conduce por las atmósferas de ambientes precisos y nítidamente reconocibles, y lo que sucede en ellos lo es (reconocible) en términos cotidianos, ya sea el puente de  Deusto, ya una vieja librería que luego resulta que no existe o, quizás, que existe sólo en algunos momentos y en otros se convierte en otra tienda distinta. Ella, efectivamente, no presume de prosa -como tantos de sus coetáneos lo hacen, situados algunos en lo peor de la otra línea narrativa- , y escribe con claridad  en una prosa que comparte con la científica su vocación por tener acceso a la verdad a través de la lealtad a los acontecimientos: su  belleza no es ni más ni menos que la expresión de esa lealtad. Ella, en fin, “nos pone” en los personajes y en sus ambientes con la maestría propia de los buenos narradores.

Este libro que hoy, lector, tienes en tus manos, no sólo “se deja leer” sino que reclama ser leído por quien comienza a hacerlo, como ha ocurrido siempre cuando se trata de “contar” algo y se hace bien, y una vez más puede recordarse aquello tan sencillo que dijo Stevenson, para quien un novelista no es ni más -ni menos- que un narrador de historias. Y que ha de hacerlo, añado yo,  sin exhibir en ello -¿para qué hacerlo?- sus conocimientos gramáticos o léxicos. “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala” (Cervantes). Antítesis: “¿Lo que he escrito está muy claro? Oscurezcamos, oscurezcamos” (Eugenio d´Ors a su secretaria). “La claridad del toreo” (Bergamín). “Por favor, por favor, claridad en la literatura, sobre todo cuando se trata de expresar lo más oscuro” (A.S.).

Cuatro cosas, en fin, para terminar:

1.- Es muy interesante en este libro que la autora, a través de su personaje, nos mete en su propia cocina, allí donde ella prepara sus obras. Por cierto que he de decir, a fuer de sincero, que el Fausto de Goethe, en torno al cual versa toda esta historia en su rico plano teórico, cuenta para mí entre esos libros que “no se dejan leer”, y no estoy muy seguro de que Poe no se refiriera precisamente a él.

2.- Llevó toda la razón Goethe, y en ello tenemos la misma razón el gran escritor, Zorrozua y yo mismo, en que “en un principio fue la acción” y no la palabra; lo es, desde luego, en el principio de la literatura narrativa y no digamos del teatro, donde la llamamos “situación” y genera la fábula, que para Aristóteles era “el principio y como el alma” del drama. Quienes escribimos, no por eso ponemos la palabra en un altar, aunque algunos poetas lo han hecho.

3.- Bilbao tiene otra vez su novelista, en Esther Zorrozua. No lo tenía desde que murió Juan Antonio Zunzunegui. Luis de Castresana intentó, sin éxito, ocupar aquel vacío.

4.- Esta novela apuesta por la línea de un “realismo de vanguardia” que yo vengo preconizando desde siempre: esto es algo que aparece en el campo de lo Unheimlich (siniestro), que no es sino el problemático encuentro entre lo familiar y lo extraño (Freud), o un encuentro extraño de elementos familiares, como aquel  “hallazgo fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y de un paraguas”, que para Isidore Ducasse (conde de Lautréamont) era un paradigma de la belleza, y una definición de ella en la cita que de este pasaje de Los cantos de Maldoror hizo  Rubén Darío en Los raros.

Así pues, salud y mucha obra es mi deseo para esta excelente  novelista que tantas palabras más merece y ha de escuchar y leer en el futuro, sobre todo si la crítica despierta.

 

Alfonso Sastre (febrero 2008)

 

EMOCIÓN INTENSA, PRECARIA Y ETERNA

Elegías de Duino, de Rainer Maria Rilke

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PATRICK SUSKIND

http://www.elplacerdelalectura.com/2013/09/sobre-el-amor-y-la-muerte-de-patrick-suskind.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+ElPlacerDeLaLectura+%28El+Placer+de+la+Lectura%29

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MUSAS ASESINAS

http://www.culturamas.es/blog/2013/06/20/las-musas-asesinas/

MARIAN IZAGUIRRE

La vida cuando era nuestra de Marian Izaguirre

Posted: 15 May 2013 11:52 AM PDT

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Amor, guerra, lujo, miseria, amistad, literatura -mucha literatura, muchos libros y libreros- y lealtad entrelazadas en una novela amable, positiva y fácil de leer para cualquier nivel de lector. Esa es la atractiva propuesta de la nueva obra de Marian Izaguirre publicada por Lumen, una apuesta ganadora para lectoras en la cual los lectores se sentirán también como en casa. Marian sonríe ampliamente cuando le cito lo anterior, abriendo las manos en un gesto cordial me dice:

Me dan ganas de aplaudir porque algunas de estas cosas no las había comentado nadie pero son importantes, como la lealtad, el apoyo mutuo. Incluso el tema del lujo porque es muy bueno que se sepa que estos personajes que han tenido un pasado al que han renunciado libremente.

Dos mujeres diferentes ante un libro cuya lectura practican en común. Alice en la cincuentena, extranjera en el Madrid de la posguerra de 1951, culta, pudiente, amable, en el otoño de una vida cuya primavera fue segada brutalmente. Lola, madrileña mucho más joven, luchadora pertinaz, amante de la literatura, unida a Matías, editor en la España republicana y ahora triste librera de un cuchitril que sobrevive gracias a la venta de papelería. Una novela en común, aparecida por ensalmo en la librería, La muchacha de los cabellos de lino. Durante buena parte de la novela las protagonistas leen esta otra novela y nosotros con ellas. ¿Cómo surgio la idea de ese juego, de esas cajas chinas en tu obra?

La idea del libro dentro del libro es algo que hecho siempre en mis novelas. En este caso está la formula de que ambas tramas van creciendo juntas y van interconectándose y repercuten y producen reflexiones. Podría haber sido una historia seguida pero es mucho más rico tanto al leerlo como al escribirlo.

Dos tramas bien diferenciadas más una tercera de ficción con personajes femeninos casi opuestos: Alice de quien poco a poco vamos conociendo su pasado internacional tras pasar por varios países y dos guerras y Lola, una mujer con un pasado denso pero que en 1951 es tan real y cotidiana como cualquier otra mujer madrileña de principios de los cincuenta. ¿Ha supuesto todo un desafío unir a mujeres tan dispares?

Me gusta mucho hacer esto. Creo que precisamente esa diferencia de edad permite cambiarse cosas que uno no tiene o no va a tener nunca. Alice brinda a Lola una sabiduría y Lola le da a Alice la frescura y el saber que puede ayudar.

¿Realmente falta eso en la sociedad actual la amistad al margen de la edad?

    Es una cosa que me gusta mucho pero esta sociedad ha ido por caminos en los que la gente se relaciona poco. Han desaparecido las agrupaciones de barrio o de vecinos, con intereses diferentes y relaciones diferentes. Hasta que han llegado los chavalines del 15M que han dicho basta con esto. Otras situaciones como los bancos del tiempo y los grupos de consumo demuestras que sigue siendo una necesidad social.

Los dos tramas se cruzan en la guerra civil. Ambas mujeres la viven en España, una desde las Brigadas Internacionales y otra desde el Madrid republicano. No se encuentran ni se buscan. Sin embargo se conocen. ¿Sigue siendo necesario recurrir a la guerra civil o a sus efectos en la posguerra siempre que se novela sobre el siglo pasado en nuestro país?

El enfoque sobre el voluntariado es algo que me sensibiliza ahora mismo. Los voluntarios de las BBII me llaman la atención mucho, por que no eran soldados, dejan sus países a morir. Desde el punto de vista español es algo subsidiario tan solo al final y con pocas páginas.

Los tres personajes son muy diferentes, no resulta fácil dar forma a una mujer europea de más de cincuenta, a una española más joven hundida por la posguerra y a un luchador, editor y casi perfecta pareja dándoles el tratamiento individualizado a cada personaje ¿Cómo consigue dotar de personalidad y espacio propia a cada uno de sus personajes?

Es un vicio que tengo, me dicen que aparecen muchas obras de escritores pero no son mis escritores sino los que yo pienso que a mis personajes les van a gustar, a Alice pues Katherine Mansfield, a Rose Emily Dickinson,  a Lola los escritores franceses de vanguardia. Voy dándoles  a estos personajes una voz, unos gustos y unos deseos partiendo de escenas que luego elimino. Por ejemplo escribo una escena de algo que le pasa a Lola en el colegio pero luego la borro, aunque yo sé que eso ha pasado y que ha modelado su personalidad. Eso es muy importante para mí hace que la historia que cuentas tenga mucho que ver con la verdad.

Todos tienen su espacio propio y su espacio en común, es decir un lazo que no aprieta y que se disfruta. ¿Es ese tipo de espacios una de las claves del amor y la amistad?

La libertad es el garante de que las cosas vayan bien entre las personas, las parejas, los trabajadores todos deben tener su espacio y su hueco propio.

La trama que avanza de forma fresca y fluida por sus diferentes tramas está trufada de frases que obligan al lector a pausar la lectura, cerrar el libro y meditar unos minutos. Le preguntamos a Marian por tres de ellas:

“Que echo en falta la vida cuando era nuestra”.

Lola tenía una vida en la que habías caminado y de repente un gobierno o un no sé qué te lo arrebata, queda truncado. Los que tenían referentes culturales lo han perdido junto con el bienestar económico. Sin embargo ha anidado el miedo, el temor, el remordimiento que hace que eché en falta la vida cuando era nuestra.

“Mi patria era Henry, el hueco de un hombro donde apoyo la cabeza

Un guiño personal, esa es una frase de mi vida personal

Pero lee, lee siempre que puedas. Eso te salvará

Un homenaje a la literatura, le debo la escritora soy y la persona que soy

La anterior obra de la autora versaba sobre música. Ella tuvo que documentarse y aprender muchísimo sobre el tema. Lejos de ser una carga para Marian es un logro personal seguir aprendiendo a la par que cumple con su vocación literaria, por eso nos interesa saber ¿Qué ha obtenido personalmente de esta obra?

He ganado en esta octava novela la capacidad de descubrir cosas sobre mi oficio. Escribir sobre buenas personas. Y el que me digan que este libro solo lo podía escribir una buena persona me llena por completo.

Por ende ¿Qué le gustaría dar al lector?

Que viera la cantidad de mundos que hay dentro de un libro y las diferentes lecturas que tiene este libro, los diferentes niveles en los que se puede leer.

En estos días extraños que vivimos queremos saber por último cómo nos vendería Cuando la vida era nuestra.

Leedlo que os vais a emocionar.

Cuando la vida era nuestra es un homenaje a la mujer, a la lucha incansable por su libertad desde todos los ámbitos incluidos el del lujo y la riqueza; un monumento a la literatura y a los libreros que sobrevivieron bajo el oscurantismo de la posguerra. Un ejemplo de como la amistad debe superar la edad pues sólo así enriquece lejos de la endogamia inter pares. Y, como no, un ejemplo de cómo el amor, en todos sus ámbitos, es más fuerte que la muerte.

No se pierdan el novelón de esta Feria del Libro.

Reseñado por Pepe Rodríguez

 

 

Escrito por Marian Izaguirre

Marian Izaguirre nació en Bilbao y ahora reside en Ma¬drid, en una casa donde se van juntando amigos, libros y buena música. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, ha desarrollado una labor ocasional en el campo del periodismo, la comunicación y la publicidad, mientras se dedicaba de forma ininterrumpida a la escritura.
Hace ahora veinte años que vio la luz su primera novela La vida elíptica, con la que obtuvo el histórico
Premio Sésamo. Desde entonces ha publicado cinco novelas más: Para toda la vida (1991), El ópalo y la serpiente (1996), La Bolivia (2003), El león dormido (2005) y La parte de los ángeles (2011). Es también autora del libro de relatos Nadie es la patria, ni siquiera el tiempo (1999), que obtuvo el premio Caja España y que recoge los cuentos escritos a lo largo de diez años.

 

Ficha técnica

PVP.: 19,90 € 410 págs.
CÓMPRALO EN LETRAS DE PAPEL
La vida cuando era nuestra es la España de los cincuenta, donde se lee la biografía de una mujer que atraviesa las dos grandes guerras hasta desembocar en la Guerra Civil y, sin embargo, deja una inquietante cercanía: “El futuro es el lugar menos seguro de cuantos podamos imaginar”, nos recuerda. O la escena cuando Alice inventa su nombre:
-Me llamo Lola, ¿Y usted?
-Alice –le contesté de sopetón, quizá porque todos vivíamos hacía mucho en un país de patéticas maravillas.
Aunque en el fondo, Marian Izaguirre nos quiera salvar. “Afortunadamente, el futuro siempre se conjuga en condicional”, que diría Alice.