UNA NUEVA SUBJETIVIDAD

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TZVETAN TODOROV

Elogio de lo cotidiano de Tzvetan Todorov

Posted: 12 May 2013 12:39 PM PDT

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    Hubo un tiempo en que el tema religioso primaba en la pintura europea y americana (sobre todo en Hispanoamérica). Ello se debía no tanto a la fe que, en mas o en menos, pudieran profesar los pintores como al hecho de que la Iglesia, como ejercicio propio de la manifestación de sus credo y de sus intereses (su poder sí es, también, de este mundo), era quien encargaba el trabajo a los  pìntores. Y les pagaba.

El resultado, si bien de elevado nivel artístico, resultaba a la vez (o podía resultar) un tanto lúgubre por el tema y por su implícito efecto deliberado sobre el espíritu emocional del espectador. Una visión que, hacia el siglo XVI, un siglo culturalmente defensor y propiciador de los viajes de exploración, de la observación de la naturaleza y de la aventura hacia lo nuevo y desconocido resultaba, cuando menos, impropio.

Fue, al parecer, Guillermo de Orange quien dio orden de un cambio de actitud, de temáticas. Así, a través de encargos y haciendo gala de los buenos resultados del comercio, invitó al cultivo de temas más próximos a la realidad cotidiana: los temas pictóricos, pensaba,  habrían de ser más profanos, más luminosos; menos constriñentes o amenazadores como, en muchos casos, cultivaba la temática religiosa.

El propio Todorov, este eminente socio-antropólogo-filósofo lo expone de una manera muy clara: “Recordemos otra forma de interpretación,
perfectamente legítima en el caso de la pintura holandesa del siglo XVII: la que se pregunta por el sentido genérico, o típico, de la escena representada. Las actividades domésticas evocan las virtudes de la dedicación, del trabajo, del cumplimiento del deber y los juegos, la bebida y las escenas de burdel ilustran diferentes formas de disipación” El mismo credo religioso, sin duda, había cambiado.

Tal es el motivo esencial de que trata el libro: analizar, a través de magníficos ejemplos de la pintura de la época, la fuerza innovadora y la expresión de una forma de vivir en una sociedad ya no condicionada por la religión, y sí por los bienes materiales. Es así que, en hermosas láminas, podemos encontrar en el libro ejemplos de la obra de Rembrandt, Vermeer, Metsu (una grata sorpresa), Frans Hals o De Hooch. Se estudian, analizan e interpretan las imágenes con un cuidado y una capacidad obervadora extraordinarias,  de tal modo que lo aprendido de ello resulta muy revelador y didáctico

Un libro, pues, si bien breve, hermoso y representativo de la época citada, y ello tal vez porque “En general, a las personas representadas en los cuadros holandeses del siglo XVII parece gustarles lo que hacen. Pero sobre todo a los pintores parece gustarles las personas a las que pintan y el mundo material que las rodea”.

Ficha técnica

Páginas: 128 Precio: 22€
CÓMPRALO EN LETRAS DE PAPEL
A lo largo de la historia del arte se han producidovarias rupturas temáticas y de estilo: así por ejemplo cuando en el siglo xv, junto a la representación de lo divino, irrumpe en la pintura el retrato del individuo. (Véase Tzvetan Todorov, «Elogio del individuo», Galaxia Gutenberg, 2006.) Otra no menos relevante tiene lugar cuando en la pintura holandesa del siglo xvii, en vez de los personajes históricos, mitológicos o religiosos, las telas se pueblan de temas de la vida cotidiana. De repente parece como si ni en la pintura ni en el mundo no hubiera ya espacio para héroes ni santos. Los soldados, que encarnaron siempre las virtudes heroicas por excelencia, aparecen descansando o tomando vino, jugando a cartas, cortejando a jóvenes damas o durmiendo. La pintura pasa a someterse únicamente a lo existente y evita la idealización y lo edificante. Deja de inventar la belleza para descubrirla en lo que rodea al hombre. Y busca convertir en bello aquello que no lo es. ¿Por qué se produce esta transformación? ¿Por qué en los Países Bajos? ¿De qué cambios más profundos en la sociedad europea es el reflejo? ¿Qué nos enseña hoy que vivimos amenazados por nuevas formas de degradación de la vida cotidiana? Éstos son algunas de las preguntas a las que se enfrenta Tzvetan Todorov en el presente libro a través del estudio de obras maestras de Rembrandt, Vermeer, Metsu, Franz Hals, Gerard Dou o De Hooch entre otros. Una muestra más de su magisterio a la hora de descubrir y explicar las grandes corrientes subterráneas que mueven la historia de las sociedades humanas.

 

Reseñado por Ricardo Martínez

 

 

Escrito por Tzvetan Todorov

Nació en Bulgaria en 1939 y emigró a París en 1963. Estudió filosofía del lenguaje con Roland Barthes e integró el círculo de estructuralistas franceses agrupados en torno a la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París a mediados de la década de 1960.
Es autor de numerosas obras sobre literatura y ciencias sociales, y fue codirector de la revista Poétique. Se ha desempeñado como Director de Investigación Científica de Francia.
Luego de un primer trabajo de crítica literaria dedicado a la poética de los formalistas rusos, su interés se extendió a la filosofía del lenguaje, disciplina que concibió como parte de la semiótica o ciencia del signo en general. Como ensayista, historiador y filósofo se ha interesado, además, en el análisis de la cultura y en temas como la democracia, la memoria histórica, el estudio del Otro y la tolerancia.

 

 

 

RELATOS A FUEGO LENTO

Relatos a fuego lento – VVAA

Posted: 16 Sep 2012 12:10 PM PDT

Veinte escritores sentados a la misma mesa: la comida está servida. Veinte escritores en la cocina, preparando sabrosos relatos que a su vez, sugieren recetas de platos suculentos. Como en una celebración, cada uno desarrolla su speech ante la mesa común, y habla sobre lo que le gusta, le preocupa o le inquieta, sobre lo que ve alrededor o lo que imagina. Emotivos relatos unos, humorísticos y jocosos otros, con un toque histórico alguno, con finales sorprendentes unos cuantos. Muy realistas o desbordantes de fantasía: hay para todos los gustos. LEER MÁS

Entre los componentes de este variopinto conjunto, que toma como base el grupo inicial formado en torno a Mauro Guillen, alma y centro promotor, sin el cuya iniciativa, ideas y empuje no hubiera visto la luz este libro. Ligado al mundo editorial, se ha lanzado al ruedo como espontáneo, añadiendo un divertido y entrañable relato culinario al ciento, que el lector degustará con verdadero placer. El grupo generado a su alrededor, ya dio un primer fruto: Nueve Relatos y Un Cadáver exquisito, publicado en marzo de 2012. Pertenecen a este grupo, en su mayoría ―con alguna excepción― autores noveles: Inmaculada López Arce, Franz Kelle, Antonio Guillem, Fuensanta Niñirola, Amparo Barra, Susi Bonilla, María Isabel Peral del Valle, Alina García Blat, María Tordera.

Para este segundo proyecto, se ha buscado la participación de más autores, algunos de ellos ya no tan noveles, puesto que cuentan con uno o varios libros y publicaciones en revistas en su haber: Elena Casero Viana, Isabel Barceló Chico, Josep Asensi. Antonio Briones Torres, Julio Gómez-Perretta, Felicidad Batista y Gonzalo Muro. También se han añadido en esta ocasión, Victoria Cuñat, Carmen Barrachina y Carmen Tornel, más similares al primer grupo.

El resultado es obviamente variopinto, tanto en temas como en estilos y niveles literarios, conformando un menú del que a unos gustará más los entrantes, a otros los segundos y a otros los postres. El relato es el tipo de texto que muchos autores eligen para abrir fuego en la literatura, aunque otros lo usen como un intermedio, un cambio de ritmo en su obra más larga. Lo cierto es que el relato está en auge, quizás también por los tiempos de urgencias y prisas en los que el lector prefiere breves inmersiones literarias o no tiene tiempo para profundas y largas novelas. Confiamos que también haya quien disfrute de los tres platos y decida repetir restaurante.

Ariodante (en El Placer de la Lectura)  

FICHA DEL LIBRO Título: Relatos a fuego lento | Autores: VVAA | Páginas: 126 | Precio : –€ | Disponible en breve en Amazon | Reseñado por: Ariodante

ROBERTSON DAVIES

Mantícora – Robertson Davies

Posted: 24 Feb 2012 11:51 AM PST

 

 

La Mantícora es un animal mitológico, mezcla de león, cabeza de hombre y cola en forma de aguijón, que clava a sus víctimas antes de devorarlas. En esta historia será el símbolo de las distintas facetas del protagonista, David Staunton, y servirá para desplegar la historia personal de la familia Staunton, y los lazos que les unen con los demás protagonistas de la Trilogía, que definen, entre todos, el universo de Deptford. LEER MÁS

Segunda parte de la Trilogía de Deptford, en ella desarrolla el autor un subyugador recorrido hacia atrás en la vida de David y de su padre, el gran Boy Saunton, a partir, justamente del hecho de su muerte accidental en circunstancias no aclaradas. La vida de hijo de padre famoso no es fácil, como tampoco lo es la vida de la esposa que no está a la altura de un hombre con grandes aspiraciones. En la familia Staunton hay muchos secretos, que el tiempo y las circunstancias van desvelando, aunque algunos aún se mantengan en la penumbra. Uno de ellos es la relación de Dunstan Ramsay con los Staunton. Ramsay es el personaje en que se centra El quinto en discordia, la primera parte de la Trilogía, y será el narrador de la tercera. Fue compañero en juventud de Boy Staunton, así como de Paul Dempster, que resurge al final del libro transmutado en el mago Magnus Eisengrim.

Tríada de personajes sobre la que gira la Trilogía, y que es la excusa para volver al mundo que conoció y reflexionar sobre conceptos universales del alma humana. El autor usa el método del psicoanálisis jungiano ―Davies era un gran admirador de la obra de Jung― para la construcción de esta novela, dándole una profundidad inmensa y proponiéndonos continuos juegos de imaginación, como esos que en el tablero de ajedrez memoriza el profesor Pargetter o la complicada partida múltiple de Liesl en su dorado refugio alpino. Usa, asimismo, una composición con forma de sesión psicoanalítica: la doctora Johanna, a la que recurre David tras un fuerte desequilibrio mental una vez fallecido el padre, le lleva por el sendero que descubre los demonios internos: la Sombra, el Amigo, el Ánima y la Persona. Conceptos jungianos, absolutamente teatrales, obviamente usados por el autor, que tanto convivió con el teatro como actor primero y director, después.

En dos ocasiones el autor saca a relucir una cita de Ibsen: «Vivir es luchar contra los trasgos y escribir es juzgarse a uno mismo». David, llegado a un punto de inflexión en la vida, debe aprender a conocerse a sí mismo y a reconocer las luces y las sombras de su existencia. Las relaciones con el padre, el poderoso Boy Staunton; la débil y sufriente madre; Denyse, la insoportable madrastra; la omnipresente Netty, el ama de llaves; los distintos padres pedagógicos: Pargetter en Oxford, Knopwood en Toronto, y Ramsay, al que cree su padre físico; el conjunto de esos y otros recuerdos conforma la narración. Escribiendo notas para la doctora Johanna al modo de guión teatral, y respondiendo a las preguntas de la analista, va extrayendo de las profundidades una colección de recuerdos, sueños, ideas, de las que el autor se vale para mostrarnos la complejidad del alma humana.

El binomio racionalidad/sentimiento, (sentido y sensibilidad, que diría Jane Austen) muestra las carencias que sufre el abogado Staunton, un león en los juzgados, pero un hombre que no conoce el sentimiento, acostumbrado a dirigir su vida por el recto pero frío camino de la absoluta racionalidad, ignorante de los misterios que genera la emoción y el sentimiento ―de ahí la manifiesta incapacidad de comprender a las mujeres―, hasta que baja a la caverna con Liesl, simbólica bajada a los infiernos, donde llega a sentir terror, imagen, a su vez, del renacer, el retorno a la luz.

La novela está plagada de estos símbolos, que darían para múltiples lecturas, subtextos, sugerentes y atractivos para demorarse en ellos. La figura del Oso, representación ancestral del Canadá, y que aquí sugiere la figura del Amigo, no deja de tener su importancia. Hay muchos detalles que unen esta novela con la que le precede, pero uno muy importante, es la piedra que aparece en la boca del padre cuando lo rescatan del fondo del agua, y que nos recuerda el Rosebud del Kane wellesiano. La piedra que Ramsay reconoce y guarda inmediatamente, y que enseña a David al final de la novela. Piedra con una historia personal, que se remonta a la madre de Dempster y al nacimiento de Paul allá en el viejo Deptford.

Después de repasar ―a lo largo de la novela― toda su vida, guiado por las preguntas de la doctora, David reflexiona y debe decidir. La parte final, el reencuentro con Ramsay y Eisengrim en la mansión gótica de Sorgenfrei, una suerte de Sans Soucci alpino, pone el broche que cierra la narración, y abre la puerta a la tercera y última parte de la Trilogía, El mundo de los prodigios.

Ariodante (en El Placer de la Lectura)  

FICHA DEL LIBRO Título: Mantícora | Autor: Robertson Davies | Editorial: Asteroide | Traducción: Concha Cardeñoso | Páginas 367| Precio 18,95€ | Reseñado por Ariodante

BIOGRAFÍA DE ZWEIG

Nostalgias europeas Una vida de Stefan Zweig –

Jean-Jacques Lafaye

Posted: 22 Feb 2012 08:11 AM PST

70 aniversario de la muerte de Stefan Zweig

 

 

El 22 de febrero de 1942, en Petrópolis (Brasil), el escritor austríaco Stefan Zweig fue encontrado sin vida, pulcramente vestido, con su casa en orden. A su lado y también sin vida, su segunda esposa, Lotte. La declaración que dejó escrita como epitafio a su vida se puede leer aquí. Jean-Jacques Lafaye (Saint-Germain en Laye, 1958) es escritor y ensayista francés. Ha dedicado varios artículos, conferencias y homenajes a la figura literaria y moral de Stefan Zweig, y contribuido a la edición francesa de su biografía sobre Montaigne. En 1999 publicó 12 vidas para la música, de Bach a Rachmaninov. Como bien dice en su prólogo nuestro desaparecido filósofo Aranguren, esta biografía es más bien un ensayo con el que logra plenamente su propósito de adentrarse en el personaje, hasta la plena identificación con él. LEER MÁS

Efectivamente, Lafaye ha conseguido captar hasta tal punto el tono y el estilo de la obra de Zweig, que casi podría pasar por un ensayo supervisado por el gran autor vienés. En menos de doscientas páginas nos hace una biografía impresionista, como cita Roland Jaccard, en Le Monde. Es decir, leemos la biografía como si de una novela se tratara, aunque no está novelada. Pero entramos perfectamente en la mente y en el corazón de este autor, tan contradictorio; profundo conocedor del alma femenina y sin embargo en su vida personal conflictivo con las mujeres; tan decidido transmisor de ideas democráticas y a la vez tan aristocrático en su vida; tan internacionalista y tan vienés; tan decidido con su trabajo y a la vez tan indeciso con su vida. Publicada esta obra en 1989, ha habido otras biografías posteriores, entre ellas, las memorias de Fridericke, su primera -y en su corazón, la única- esposa, la mujer en la que se apoyó sin grandes miramientos, pero que le fue absolutamente fiel, cosa que no se puede decir de él, por su carácter débil y su obsesiva necesidad de independencia.

Pero al margen de lo que se haya podido decir en ellas, que en este momento desconozco, creo que la biografía de Lafaye es bastante objetiva, casi diría que se inmiscuye hasta lo más hondo en la intimidad del autor vienés, que le radiografía completamente, llega hasta la médula en su intento de mostrarnos una vida interior altamente desgarrada tras la apariencia de tranquilidad y poderío. La vida de Zweig está cortada en dos mitades: antes y después de la Gran Guerra. Antes de la guerra, el escritor, nacido en una acomodada familia judía vienesa, destacando desde muy joven por su enorme capacidad intelectual, vive en un mundo feliz, en una burbuja estética donde se puede dedicar a la literatura, al arte, la música, educado en los buenos modales, la elegancia, en fin, el bon vivant de la alta burguesía de fin de siglo del Imperio Austrohúngaro.

En esos años de infancia y primera juventud, donde se consideraba a sí mismo, como buen miembro de la sociedad que le arropaba, poderoso y magnífico, creció en la idea de un paneuropeísmo flotando en la pax imperial, un ideal de unión de los grandes mitos culturales, las testas más laureadas poniéndose en comunicación para desarrollar una cultura universal. “La unidad europea del espíritu, más allá de los estrechos nacionalismos, constituye un buen ideal para Zweig, el hombre de las contradicciones. Por un lado sigue siendo un vienés narcisista, el esteta del pesimismo, egoístamente preocupado por su arte, mientras que, por otro, quiere adherirse a los grandes problemas de su tiempo. Piensa en la humanidad como un precioso todo.”(p. 49) Además, el éxito le viene muy pronto; desde sus primeras publicaciones es reconocido como un gran escritor, lo que le catapultó, seguro de sí mismo, a viajar por una Europa aún gozosa y viviendo de las rentas del victorianismo y los últimos coletazos imperiales. Creando fuertes lazos con muchos escritores, se codea con lo más florido de la intelectualidad; se deja admirar por las mujeres, con las que mantenía una cierta distancia, no quería compromisos que le ataran.

Es hacia los treinta años cuando conoce a Fridericke, con la que mantendrá una relación que pasará por distintos niveles pero que perdurará hasta casi el último momento de su vida. Primero bastantes años de relación en la que ella, que estaba casada y con dos hijas pequeñas, oscila entre su marido y él. Una vez abandonado el marido, aún no se deciden a vivir completamente juntos, sino que lo hacen en mansiones independientes y no se casan hasta obtenido el divorcio, ya tras la guerra, cuando el ánimo de él empieza a doblegarse y su necesidad de apoyo moral empieza a ser enorme. Pero nunca fue una relación normal, dado el carácter obsesivamente independiente y a la vez inseguro de Zweig, que no soportaba la más mínima atadura, que viajaba constantemente y a cuyo ritmo no podía Fridericke, muy ligada a sus hijas, ajustarse. El conflicto bélico que destrozó económica y políticamente Europa a la vez que desmanteló ideas, mentalidades, y concepciones sobre la vida, desmanteló la magnificencia de Zweig. El hombre que se comía el mundo antes de la guerra, el aristócrata, el hipersensible, dejó que el mundo le devorase a él después, convirtiéndole en un ser depresivo, inseguro, desnortado, incluso renegando de su propio pasado y de su historia, buscando cada vez con más ahínco, el dulce abrazo del ángel de la muerte. No fue un cambio radical, de un día para otro, sino progresivo.

Sin embargo, la segunda parte del decenio posterior a la guerra, y sobre todo, los años 26 y 27 destacan como los más fecundos de su vida literaria. Es en su trabajo en donde encuentra el verdadero refugio, y a partir de sus series biográficas desarrolla su verdadero estilo. Aunque algo se rompe en el interior del autor vienés cuando realmente asume el significado de aquella guerra, que, incluso en un primer momento, dejándose llevar por la marea belicista imperante, aceptó incluso celebrar y publicitar. Mucho se lamentó de haberlo hecho, y a partir del instante en que lo advierte, recrudece su militancia pacifista y sobre todo, su neutralismo, hasta situaciones incomprensibles. La ascensión de Hitler y del nazismo en Alemania le dan la puntilla.

Primero incrédulo y luego ofendido, humillado, abandona su casa, su país y su familia, renunciando a todo su entorno, enviándolo al pasado, al ayer, no queriendo tener nada que ver con esa sociedad que estaba generando y preparando el genocidio y el holocausto. Desde que se entera de las quemas de libros, incluidos sus libros, el terror ante lo que la humanidad había engendrado, la humillación de pertenecer a una humanidad capaz de herir tan profundamente su propio cuerpo social, le lleva a desear desligarse de todo, incluso de la propia vida. Y el hombre que amó y luchó por la interrelación de los distintos países, de la eliminación de fronteras y trabas, de la propagación de la cultura y la democratización de costumbres y anhelos, ve venirse abajo todo el edificio mental con la primera hoguera y el olor a papel quemado.

Autoexiliado en Inglaterra, donde se atrinchera, rodeado de algunos cientos de libros, lo poco que pudo rescatar de su inmensa biblioteca de Salzburgo, se refugia en el trabajo, ayudado por su secretaria Lotte, y en esos terribles años produce unas de las mejores obras salidas de su pluma. La magnífica biografía de Balzac, la de Erasmo, la de María Estuardo, la lucha de Castellio contra Calvino, en ellas vuelca las opiniones que no quiere expresar de otro modo, desarrolla un mutismo ante lo que está sucediendo, que es criticado por muchos, y que responde a un feroz enrocamiento en su torre; en Londres, sólo se relaciona un poco con Freud, que está a punto de morir, pero apenas mantiene otras relaciones, allí no es conocido, ha de sufrir la humillación de ser austríaco, de hablar alemán, en una Inglaterra donde el alemán representa al enemigo.

Su divorcio de Fridericke, que se queda en Austria por voluntad propia, atrapada entre su marido y sus hijas, que ya son mayores; su matrimonio con Lotte, la joven y devota secretaria que su propia esposa le coloca como sustituta de sí misma; su periplo americano, Nueva York, Buenos Aires, Brasil…esos últimos años de su vida, en la cincuentena, recayendo cada vez más a menudo en sus delirios suicidas, exprime su obra hasta el máximo, pero al mismo tiempo se agota, ya no puede más. En Nueva York se reencuentra con Fridericke, modelo de fortaleza, que ha conseguido salir de Europa con sus hijas, y hay un impasse donde los tres -ambas mujeres y él- se relacionan y trabajan en relativa paz. Pero su espíritu está enfermo y finalmente parte para el Sur, a Brasil, donde pone punto final a su vida, aunque Lotte, como una Julieta desesperada, le siga inmediatamente a la muerte. Con ese solo acto, Zweig justifica su vida entera. (…)Cuando la vida ha perdido su sentido, la muerte le ofrece otro. Con ese gesto de soberana independencia, alcanza la eternidad de las sublimes figuras trágicas.

Ariodante (en El Placer de la Lectura)  

FICHA DEL LIBRO Título: Nostalgias europeas Una vida de Stefan Zweig | Autor: Jean-Jacques Lafaye | Editorial: Alrevés |Páginas 224 | Precio 18,95€ | Reseñado por: Ariodante |

TEDDY WAYNE

Kapitoil – Teddy Wayne

Posted: 20 Feb 2012 12:47 PM PST

 

Kapitoil es la novela que da carpetazo al Nuevo (viejo ya) Orden Mundial surgido después de la caída del Muro de Berlín y finiquitado tras el 11-S. Esa década en la que todo parecía ser posible, la paz, la integración, la fraternidad entre los pueblos fue sólo un deslumbrante flaxazo que cegó a unos cuantos impidiéndoles ver la podredumbre y la hipocresía político-económica de siempre. Destapar todo eso basándose en una única historia con un personaje de tercera división teórica es uno de sus principales activos. LEER MÁS

Estamos en 1999, Karim es un joven matemático e informático qatarí cuya empresa le envía a EEUU para ocuparse del Efecto 2000. Huérfano de madre, con un padre profundamente musulmán y una hermana pequeña que deja estudiando allá se adentra en Norteamérica sin saber prácticamente moverse en el mundo occidental. Entretenido con sus cálculos y programas crea una aplicación capaz de predecir las variaciones del precio del petróleo basándose en unos curiosos logaritmos. Informa a su empresa de ella, lo que le permite ascender estratosféricamente en la compañía y codearse con el magnate principal de la misma y su esposa. De repente allí, desde esa posición elevada, tendrá que ir decidiendo si se queda con los valores conocidos, cultura, familia, religión o si sucumbe en cuerpo y alma al poder económico arrojando en brazos del capitalismo más radical. En una vía de dos direcciones Teddy Wayne, su autor,construye situaciones en las que el método prueba-error se reproduce tanto en el comportamiento de Karim hacia otros como en sentido inverso reflejando las ganas y las reticencias del choque intercultural en una vorágine autodestructiva.

Obra sencilla, agradable, fácil de leer pero con un profundo significado y un trasfondo inmenso ubicada en una horquilla de tiempo irrepetible, pervive como símbolo de lo que pudo haber sido y no fue.

Marc Canela

FICHA DEL LIBRO Título: Kapitoil | Autor: Teddy Wayne | Traducido por Marta Alcaraz | Editorial: Blackie Books| Páginas: 348 | Precio : 23€

EL MAPA Y EL TERRITORIO

MICHEL HOUELLEBECQ

El mapa y el territorio  (Premio Goncourt 2011) 

Ed. Anagrama, 2011, 377 páginas, 21’90 euros

 

Este escritor francés (1958) controvertido ha urdido en esta ocasión una historia poliédrica de la que hay que tomar distancia para apreciar la complejidad del resultado final. Houellebecq trabaja con el silencio y la astucia de una planta carnívora que atrae y engulle al lector sin que este lo note apenas. Los acontecimientos se desarrollan de forma natural, sin forzar su encadenamiento; los personajes también se van incorporando como gente que pasa y que se queda un rato a formar parte de la trama. En realidad, solo hay un par de ellos que espesan lo suficiente como para dejar honda huella en quien pasa las páginas. Pertenecen a ese grupo de creaciones que una recuerda muchos años después de haber cerrado el libro.

Jed Martin es un personaje extraño que pretende pasar desapercibido, uno de esos tipos raros-raros. No le exime su calidad de artista, porque tampoco lo es a tiempo completo ni en una sola disciplina. Tiene la suerte de no tener que preocuparse por el dinero, así que crea solo cuando siente el impulso.

Su relación con el otro personaje principal, Michel Houellebecq, es la que podría generarse entre dos perros verdes. Michel Houellebecq, a su vez, supone la elaboración de un personaje que con toda seguridad, no es el autor, aunque se llame como él y se dedique a la misma profesión, y al que el autor de verdad trata sin ninguna piedad, como si quisiera vengarse de sí mismo.

Otro aspecto ineludible viene dado por la ingente documentación que aporta y la infinidad de incisos que realiza para incorporarla. Esa tendencia que a todo escritor incipiente se le señala como el mayor de los defectos posibles, en esta obra se integra sin un solo chirrido, sin una sola arruga. No solo no estorba, sino que incluso se agradece.

Además de todo eso, el autor construye una historia de anticipación sobre el fin de la era industrial, pero sin dejarse llevar por la tentación del catastrofismo. Más que una novela de rodada suave, supone el trazado de un mapa que marca un territorio sobre el que se circula levitando con suavidad

Es como si esta vez Houellebecq hubiera conseguido controlar toda esa rabia que mostraba en ocasiones anteriores, para escribir la que dicen que es su mejor novela hasta la fecha. Y debe de serlo, por la amplitud de temas y la maestría en el tratamiento. Uno de esos libros que una deja a mano en el estante con la certeza de que lo va a releer.

© Esther Zorrozua, febrero 2012